Me gustaría conseguir la medalla que me falta
Entrevista de Matías García
Tal y como me habían advertido Juanma nunca dice que no, ya sea una charla en un colegio, un acto protocolario o, como en este caso, una entrevista con un aprendiz. Llega puntual a la cita. Está mucho más moreno, será el sol mexicano porque hace unos días que ha regresado de Chihuahua, donde ha competido en la Copa del Mundo de Marcha. Era su debut internacional en la distancia de 50 km pero viene “con un sabor agridulce”. Consiguió el cuarto puesto por equipos con la selección española pero lamenta no haber logrado la marca mínima para disputar el Campeonato de Europa de la distancia.
“A raíz de Barcelona 92 me volví un aficionado empedernido del atletismo”
La historia de Juanma en el deporte comienza, como tantas otras, un verano. El verano en el que nació la generación de Barcelona 92. La generación de Gasol, Fernando Alonso, Casillas y tantos otros y de la que el ciezano se siente parte también. La generación que surgió delante de un televisor ese verano en el que un país entero disfrutó la mayor fiesta deportiva de su historia. Juanma Molina tenía 13 años y lo vivió con intensidad. “Me quedaba hasta muy tarde viendo los resúmenes de todos los deportes, pero el atletismo fue el que me enganchó más. A partir de ahí empecé a correr”. Dieciocho años después aún recuerda los nombres de los 4 medallistas españoles en atletismo (Fermín Cacho, Dani Plaza, García Chicho y el murciano Antonio Peñalver).
Describe sus primeros años en el atletismo como un proceso natural, como si todo hubiera ido rodado. Me habla de los maravillosos parajes naturales que hay en Cieza (su pueblo natal) y de cómo dio sus primeros pasos en el atletismo con el circuito del ColaCao. Un circuito de unos cuatro kilómetros que empieza en el Puente de Hierro, transcurre por la falda de la Atalaya (una majestuosa montaña que parece echarse literalmente encima de las casas), y que tiene unas vistas excelentes del río Segura y de la huerta. Un circuito en el que comenzó a sentir el deporte como su modo de vida.
No tardó en inscribirse en el Club Athleo de Cieza, “poco a poco me fue picando el gusanillo del atletismo y decidí inscribirme”. Su formación pasó por diferentes disciplinas hasta que se decantó por la marcha. Siempre destacó, pero no recuerda un momento exacto en el que percibiera que su futuro estaba en el deporte, “nunca pensé que podría alcanzar ni una tercera parte de lo que he conseguido”. Cuando habla de sus primeros años te das cuenta de que estás ante un verdadero marchador de fondo “he ido dando pasos pequeñitos, pero siempre evolucionando”.
El deporte de élite supone realizar muchos sacrificios y reconoce no haber vivido una adolescencia normal, “yo siempre era el amigo raro del grupo, si salía con los amigos después de cenar me tenía que recoger porque al día siguiente tenía entrenamiento”. Sabe que se ha perdido algunas experiencias que vive un chico en esas edades tan complicadas, y que eso ha hecho que tenga “pocos amigos pero de mucha intensidad”. No le importa, sonríe orgulloso recordando lo que el deporte le ha brindado, “disfruto mucho con lo que hago, y sé que hay mucha gente que se cambiaría por mí. He viajado, he conocido mundo, y he vivido grandes eventos deportivos.”
Ha quedado claro que todo empezó en Barcelona. Aquel niño que vibró delante de un televisor viendo por primera vez la bandera de su región en un evento de tal magnitud, viviría 12 años después la experiencia olímpica en sus propias carnes. Atenas 2004, ese fue el debut de Juanma en unos Juegos, ¡y qué debut! Consiguió un diploma olímpico, que supo a gloria, “ser quinto en mis primeras Olimpiadas fue muy importante para mí”. Aunque le queda la sensación de que no disfruto de la otra parte de los Juegos, “me falto disfrutar más el ambiente olímpico”.
Las Olimpiadas de Pekín fueron otra historia, fue duodécimo, un puesto mucho más discreto, pero recuerda con mucho cariño los días que vivió en la capital china. “viví los Juegos desde la inauguración hasta la clausura, a nivel personal me enriqueció muchísimo”. Era más maduro (29 años) y supo exprimir hasta el límite sus días en la villa olímpica, “tenía los ojos mucho más abiertos, viví todo con más intensidad”.
Sus grandes actuaciones le han reportado multitud de reconocimientos, pero uno de los más especiales esta en Cieza. La pista de atletismo de su ciudad lleva su nombre. Una pista que le ha visto crecer como deportista. “Al principio es un poco raro, incluso parece un sueño”. Aún le impacta aparcar su coche y ver su nombre en el letrero que da acceso a la pista. “Para mí supone una gran responsabilidad y una gran satisfacción, ver que la pista donde he dado tantas vueltas y donde sigo dándolas lleva mi nombre”.
En este día a día de entrenamientos, sesiones de recuperación, concentraciones... tiene a una persona que le acompaña desde 1994. Es su entrenador, José Antonio Carrillo. Pero además desde hace dos años es también su suegro. Cuando le hago referencia a la relación entrenador-deportista y suegro-yerno suelta una carcajada y hasta me pregunta si este tema es de Salsa Rosa. “Antes de ser mi suegro era mi entrenador, y hemos sabido delimitar donde esta el trabajo y donde la devoción, como se suele decir”. Juanma tiene claro donde está la clave. “Pasamos muchos días y muchas horas juntos, entrenamientos, competiciones...lo importante es saber diferenciar cuando estamos en un ambiente profesional o en uno familiar”.
“Yo siempre era el amigo raro del grupo, tenía que cuidarme más”
Seguimos repasando su trayectoria deportiva y me señala como su mejor recuerdo la medalla de bronce en el Mundial de Helsinki. “Recuerdo perfectamente como supe desenvolverme y desarrollar tácticamente la carrera”. Estaba en uno de sus mejores momentos deportivos, “iba pletórico de forma y muy mentalizado”. Revive los últimos kilómetros de la carrera y confiesa que quizá fue algo conformista, “siempre me quedó en la mente que habría pasado si hubiera arriesgado”. La medalla de plata se quedó a ocho segundos, pero no se arrepiente, “viví un momento tan intenso que me doy por satisfecho”.
Esa medalla de plata que se quedó a unos segundos fue para Paquillo Fernández. La imagen de esa llegada en el Estadio Olímpico de Helsinki es una de las más recordadas del atletismo español. Juanma y Paquillo abrazados. El murciano alzando los dedos índice y corazón en señal de victoria y el granadino con el pulgar en alto y la sonrisa impresa en la cara. Años después las hazañas de Paquillo han quedado empañadas por la lacra del dopaje. El ciezano cambia el gesto, “a mí me duele más todavía por lo que ha supuesto Paquillo para mí”. Afirma que la figura de Fernández siempre supuso un estímulo para su carrera. “Siempre he estado a la sombra de Paquillo, pero si no hubiera sido así no habría conseguido los éxitos que he tenido”. Zanja el tema con una reflexión aplastante, “ver que hay ídolos con pies de barro es un palo duro”.
No todo es felicidad en el mundo del deporte y recuerda dos momentos especialmente complicados en su carrera. En el año 2006 fue descalificado a pocos kilómetros de la meta mientras disputaba la medalla de plata en el Europeo de Suecia. “Las descalificaciones forman parte de nuestra disciplina y hay que vivir con ellas, pero fue duro.” La otra decepción se produjo unos años antes. Una doble fractura por fatiga le impidió disputar el Mundial de París, y le hizo perderse toda la temporada. “Supuso un gran mazazo el no poder ir, fue muy duro ver por televisión a mis compañeros competir en ese campeonato del mundo.”
“Fue duro ver el Mundial de París por televisión”
Mucha gente se preguntará si se puede vivir bien del atletismo, y en concreto de una disciplina como la marcha, en el aspecto más políticamente incorrecto claro, el económico. “Según lo que entendamos por vivir bien, seguramente David Bisbal no podría, pero yo vivo bien -bromea- he tenido la suerte de tener becas deportivas, y lo más importante es que he podido vivir de lo que me gusta”.
El Juanma de hoy es un chico cercano, amable. Asegura que su actividad diaria es sencilla y monótona, confiesa que la siesta es sagrada para él. Intenta compaginar sus entrenamientos con los estudios, se licenció en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y poco a poco está haciendo el doctorado “algún día me gustaría poder leer la tesis”. Reconoce que compaginar su carrera deportiva con la vida académica ha sido lo más difícil. “Para un chico de mi edad lo normal era estudiar, pero para mí lo normal era entrenar. Debes priorizar, pero sabiendo que el día de mañana tienes que tener algo a lo que agarrarte”. Cuando se retire tiene claro que seguirá ligado al deporte “sería bonito que después de todo lo que me ha aportado y enriquecido yo le pueda devolver mi pequeño grano de arena”.
Este año anda inmerso en un pequeño debate interno. Juanma siempre había disputado la prueba de 20 km pero los últimos resultados no acompañaron y ha decidido probar el 50. “En el 20 estoy un poco más limitado a la hora de disputar las medallas, quiero ver donde está mi limite en una distancia y en otra”. Pero sus sensaciones en la Copa del Mundo disputada en México han sido contradictorias, era su primera prueba internacional en 50 kilómetros “era una circuito raro, en altitud y con mucha pendiente. No me llevo todo el sabor dulce que yo quería”. La decisión final tendrá que esperar.
Confía en que aún este por llegar el mejor Juanma Molina, Londres 2012 le hace especial ilusión, disputar tres Olimpiadas no esta al alcance de cualquier deportista. “Me gustaría disputar los Juegos y conseguir esa medalla que me falta, la más difícil, todos los atletas compiten para eso.” Piensa en esa meta y no puede evitar hacer balance, “me gusta recordar lo que he conseguido hasta el momento, me siento satisfecho de los momentos alegres y de los tristes, sigo marchando con la ilusión de poder mejorar mi palmarés.” Le oigo hablar y veo al chico de 13 años ese verano del 92 delante de la tele, soñando con colgarse al cuello esa medalla, la más difícil, pero también la más preciada.